«Nunca nadie ha escrito o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado
sino para salir realmente del infierno». (
Vincent Van Gogh)

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domingo, 7 de noviembre de 2010

Volvió la ilusión

Tu muerte vino a permitir ver lo que hacías y comprender el verdadero sentido de ruptura con lo anterior que te guiaba. Y escuchar la profunda significación de tus palabras que a lo largo de estos años habían sido ocultadas, distorsionadas, degradadas por voluntad de las fuerzas retrógradas de la sociedad argentina.

Como en la primavera explotan las flores generadas en invierno, en esta primavera explota tu pasión en millones de jóvenes que tus actos y palabras hicieron germinar.

La encuestadora Doris Capurro dice: “Hay una nueva pasión”

¨En referencia al reverdecer juvenil, la directora de Ibarómetro, Doris Capurro, observó que ese fenómeno “es algo que venimos viendo de mucho antes. La aparición de una nueva inclusión de los jóvenes en la política es algo que se viene dando. Es como si hubieran vuelto a la política con entusiasmo y en forma no orgánica. Es decir, no todos militan en partidos, sino que vuelven a la política para manifestarse convencidos de algunos proyectos y dispuestos a discutirlos, a pelearlos”.

Para Capurro “hay una nueva pasión, un nuevo enamoramiento de la política con los jóvenes, y se trata también de un fenómeno cualitativo”. Y agregó: “Es decir, particularmente los que votan al kirchnerismo son jóvenes más fanáticos, más militantes y más participativos en distintas modalidades. Y esta intensidad con la que apoyan estalló tras la muerte de Kirchner”.

Entre las cuestiones que, según la directora de Ibarómetro, aparecen como ejes del apoyo popular, aparecen el fin de la dependencia del Fondo Monetario, la estatización de las jubilaciones y la mirada puesta en la inclusión social. “Pero además encontramos una adhesión particular que tiene que ver con un aspecto que hace a la idiosincracia del kirchnerismo: su impulso a enfrentar a los poderes establecidos. Esta es a la vez una parte de la identidad del kirchnerismo y de los jóvenes”, opinó Capurro.

“Otro móvil que tienen los jóvenes es el carácter romántico del enamoramiento con la política y los ideales. En esto Kirchner, explícitamente, motivó a los jóvenes para que se vuelquen a la militancia”, añadió.

Artículo completo en Perfil.com.

lunes, 8 de marzo de 2010

La presidenta sexy


Por Juan Carlos Volnovich (Psicoanalista)

En el momento de jurar como Presidenta de los argentinos, Cristina anticipó que, seguramente, a ella le iba a resultar más trabajosa su función por el hecho de ser mujer. No pudo avizorar, entonces, hasta qué punto la presidencia iba a convertirse en una misión imposible. No sólo por su condición de mujer. No por victimizarse detrás de una identidad devaluada, sino por ser mujer a su manera. Mujer sin atenuantes que ejerce sin atenuantes el Poder. Hay en eso algo más que una cuestión de estilo. “Mujer sexy en el máximo poder de la Nación” es un problema de estructura. Y tal pareciera ser que esa característica despierta un plus de odio. Se vuelve insoportable. De modo tal que esa ira visceral no se explica sólo como reacción a una política equivocada o respuesta indignada por la desilusión o la defraudación, no se agota en las razones. Lo insoportable se funda en la evidencia de una mujer sexuada que ejerce el Poder sin disimulo: que no apela a los estereotipos maternales que pudieran dulcificar su gestión. En ella, ese amor hacia los hijos no se vuelve virtud pública. Cristina renuncia a una abnegación que bien pudiera aligerarla y, así, toma distancia de un modelo Bachelet o de un modelo Angela Merkel, tan protectoras, ellas; tan maternales, tan trajecito sastre, tan antídoto contra la lujuria. Lejos de instalarse en el camino de una reina madre, de una reina virgen, elude ese otro prejuicio patriarcal que supone a las mujeres tontas pero sabias para la intriga y, sobre todo, expertas en el usufructo vicario del poder masculino. No es una Isabelita, ni tampoco una Evita, gorrión del General, que vive sólo para él y por él y que, llegado el caso, renuncia a los honores pero no a su puesto de lucha.

Cristina no es una Hillary Clinton frustrada en el momento de dar el gran salto. Tampoco, una Margaret Thatcher o una Golda Meier virilizadas por la función y administrando el poder de la misma manera que pudiera hacerlo un hombre.

Cristina es una mujer sexualmente atractiva, que tiene hijos y tiene marido. (No un príncipe consorte ni un padrino protector). Y, además, ejerce el Poder Supremo de la Nación y no elude, no seduce, no apela a las “malas artes” femeninas, no se refugia detrás de los varones poderosos y, para colmo, levanta el dedo como Lenin. Ella ejerce el poder y nos hace saber en cada momento quién es la que manda mientras genera como respuesta ese interrogante airado de “¿Pero... quién se cree que es?” Y no se trata de una creencia ni de un problema ontológico. Ella no es pero sabe muy bien que está en el ejercicio de la Presidencia de la Nación y... nos lo recuerda.

De modo tal que no son los enemigos los que cuentan. Después de todo ¿qué político no tiene enemigos, adversarios, contrincantes? Pero esa ira irracional que le hace perder la compostura a la gente “bien”, ese exceso de indignación, ese “no me la banco”, “no la soporto”, “la detesto”, viene de otra parte. Ese plus de odio habita en aquellos que se sienten agraviados, testigos involuntarios de valores mancillados. Son las consecuencias, inevitables, de una estructura patriarcal resentida en sus cimientos cuando una mujer sexy, no madre, no puta, no macho, nada tonta, se ubica en la punta de una pirámide jerárquica.

Fuente: Página12 (Viernes 5 de marzo de 2010)