«Nunca nadie ha escrito o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado
sino para salir realmente del infierno». (
Vincent Van Gogh)

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lunes, 31 de diciembre de 2012

Poema de Francisco Canaro





Fue un ensueño de dulce amor,
horas de dicha y de querer.
Fue el poema de ayer,
que yo soñé de dorado color.
Vanas quimeras que el corazón
no logrará descifrar jamás.
¡Nido tan fugaz,
fue un sueño de amor,
de adoración!...

Cuando las flores de tu rosal
vuelvan más bellas a florecer,
recordarás mi querer
y has de saber
todo mi intenso mal...

De aquel poema embriagador
ya nada queda entre los dos.
¡Con mi triste adiós
sentirás la emoción
de mi dolor!...







lunes, 24 de diciembre de 2012

Una mujer




Una mujer desea que la amen por lo menos una vez
si ha de tener sentido su vida que la belleza le dio.

Una mujer es como el jazmín que nace para el perfume
que espera que la huelas por lo menos una vez.

Una mujer se pregunta ¿a qué vino a su jardín la rosa
sino a ser contemplada por lo menos una vez?

Una mujer fue bañada en la blanca espuma de mar
mirada en la languidez ondulante de las olas
y suavemente acariciada por lo menos una vez

Una mujer quiso poder escribir sin saber que ella era en su ser
eso que el gran poeta cantaba por lo menos una vez.


Foto sustraída furtivamente de El corazón de Kira

domingo, 15 de julio de 2012

La vida y los discursos

Interesante reflexión de Vicent, publicado en La reconciliación, acerca del transitar por los discursos, según Lacan, para mantener un equilibrio emocional.

¨Todo el mundo necesita transitar de vez en cuando por todos los discursos que plantea Lacan para el ser humano, que básicamente son cuatro o cinco, pudiendo haber más si incluimos el religioso y algunos más residuales.

Una persona estable psicológicamente necesita pisar todos los discursos todos los días, tener un equilibrio entre todos, otra vez vuelvo a decir, cuatro o cinco, es decir, básicamente el capitalista, el del dueño, el universitario, el del analista y el histérico (Ver en este blog el artículo "Teoría de los cuatro discursos de Jacques Lacan").

El barón soltero vive normalmente o solo o con su madre, y tiene como partenaire esta mujer, o tal vez un amigo o amiga, con lo que normalmente si es la madre quien complementa el soltero hace que esté la mayor parte del tiempo al discurso histérico, y por tanto como este es el de la histeria puede quedar en muchos momentos castrado, por la "medusa" simbólica que supone el amor de la madre.

Y hay que, de vez en cuando, salirse de este discurso encontrando una mujer, que a pesar de no ser la suya, es decir, a pesar de ser una mujer fuera del matrimonio o de la creación de una pareja estable, con
todas las dificultades que este logro tiene para un soltero; esta mujer puede ser una prostituta que haga despegar algún tiempo al soltero de su madre como partenaire, para así hacerlo viajar por los cuatro, cinco u ocho discursos humanos y mantener la estabilidad psicológica de la persona en cuestión.

De todas maneras el amor o la relación de partenaire no con una, sino por su carácter de intercambio capitalista "varias prostitutas", crea en el individuo en un primer contacto una permanencia muy larga a lo largo del día al discurso capitalista, lo que puede traer cambios en su personalidad, no es lo mismo una satisfacción onanista que pagar por los servicios de una mujer con todo lo que esto conlleva. Sin obviar los peligros de anclarse a este discurso, puede servirle para desancorar, momentáneamente de su madre y del tan molesto discurso histérico, aunque también necesario, para llegar a alcanzar su último deseo, es decir la preponderancia en un discurso donde se sienta más cómodo, que sólo la persona puede averiguar con un diálogo consigo misma.¨



El enamorado

por Jorge Luis Borges

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

domingo, 28 de agosto de 2011

¿Por qué?

Sofía está logrando burlar mis controles. Está encerrada en su habitación pero no es, como otras veces, un encierro improductivo. Si esto sigue así me temo que quedaré sin trabajo, ese trabajo de exegeta en el que me había colocado, ella o yo, no lo sé. Hoy, entreabriendo la puerta me dio este breve escrito y susurró ¨¿por que?¨:
¨Eran momento de guerra, en las Malvinas los muchachos tenían frío, juntábamos unos pesos y alimentos para mandarles y te robaste el dinero. Cuánto odio acumulaste en ese corazón violento. Tus ojos intentaban penetrar en los mios y yo sabía que no debía dejarme seducir. Ojos grices, intensos, groseros, posesivos.

Yo era una mujer enamorada, pero no de ti, a ti te temía, pero igual me atraías. Era tu magnetismo peligroso el que me hacía huir. Nunca me atreví a abrirte la puerta, hubiera ocurrido una tragedia si te hubiera elegido porque habrías intentado doblegar mi rebeldía y yo, para entonces, era indomable. Elegí la ternura y no me arrepiento porque aquel que me salvó de ti me hizo vivir lo más hermoso que me pasó en la vida.

Pero nunca te olvidé.¨

viernes, 12 de agosto de 2011

El amor

Le resonaban a Sofía las palabras de Ernesto. Claro que no podía contar anécdotas graciosas, nunca había podido. ¿Y por qué no escribía sobre el amor?, se preguntó. Recordó que alguien le había hecho esa pregunta alguna vez, cosa que había olvidado junto con aquel misterioso hombre. Pero ¿qué decir sobre el amor? ¿qué es? ¿qué lo motiva? -pensó mientras tomaba su amada lapicera:
¨El amor no tiene que dar razones y aunque las diera no serían verdaderas. Hablar del amor es entonces una tarea imposible. Aunque no por no tener razones que lo justifiquen deja de ocurrirnos todo el tiempo. Es algo que pasa, que sorprende, que uno desea que no se vaya jamás cuando ha llegado. Y sin embargo, en estado de no amor vivimos la mayor parte del tiempo.
El decía que me amaba a mí, me escribía con pasión, pero yo no sabía de lo que me hablaba, si hasta pensé que se habría equivocado de destinataria. El pasaba por mi mente como una fugaz imagen que enseguida se desvanecía. El que no se desvanecía en mi mente era el que yo amaba. Aquella noche no había dormido pensando que al día siguiente vendría a buscarme. El, un chico de familia rica, tan bien vestido con aquel sobretodo gris, de mirada perdida, casi indiferente, vendría por mí a mi casa tan humilde.
¿Qué sentía por mí?. El no me decía que me amaba, sí me decía cómo le gustaba verme subir las escaleras con mis zapatos rojos de tacos altos y los talones desnudos. Me había abrazado en forma especial y temblaba. Yo sospechaba que algo fuerte le pasaba y sentía miedo de sus besos, eran como un torrente que me arrastraba y yo no sabía, con mis quinceañeros años, qué era lo que estaba pasando.
Lo supe un tiempo después, al caer la tarde. Lo ví a lo lejos, se acercaba a mí mostrándome su mano izquierda en la que brillaba un anillo. Yo lo miré sin entender. Me envolvía una rara sensación de extrañeza, como un alerta. Me voy -dijo- estoy comprometido y a fin de mes me caso en mi pueblo.
No se si siguió hablando, no se lo que hizo, ni lo que dije o hice yo. Mi tiempo se detuvo allí. No se si pasaron minutos u horas. Cuando reaccioné me encontré caminando por ese sendero angosto que me llevaba hacia mi casa pobre. Todo se había borrado en mi mente menos la imagen de su mano. Entré a mi cuarto, me saqué el abrigo negro que cayó hacia el suelo. Y al echarme sobre la cama vi que entre sus paños asomaban los tacos altos de los zapatos rojos.¨


sábado, 9 de abril de 2011

No es romántico sino real como un sueño

Sofía, un poco cansada de leer, había ingresado inesperadamente en un espacio antiguo, lejano, que creía muerto. Un dolor en la garganta la percató de que eso aún palpitaba en su ser. Ese día gris la arrastraba a aquel rincón de su mente envuelto en engañosa indiferencia. Allí estaban los recuerdos, descubiertos, sentidos como en los sueños, como si le estuvieran ocurriendo ahora, suspendidos en su propia mirada que miraba la mirada de él que no la abandonaba, que no le hablaba, que permanecía en ese envolvente misterio que la asustaba, a la vez que la atraía, porque era del orden de lo imposible, lo inalcanzable. Ambos habían sido sorprendidos en ese enredo mentiroso, sin haberlo querido, sin haberlo previsto, empujados a eso que había atravesado la necesaria distancia entre los dos.

Que un recuerdo tenga color a música parece algo raro pero eso era lo que ella sentía en sus latidos. Ahora mismo al volver a oír esa melodía sabía que él no había muerto y que al escuchar ese mismo canto tampoco él podría no recordar lo que ella recordaba. Tenía que acostumbrarse a la idea de que su propia muerte o la de él un día haría que eso que en su sangre hoy reverberaba no estuviera más en espacio ni en mente alguna. Sería sólo una historia de amor que no había sido -vaya paradoja ser lo que no se fue- sobre la cual nadie escribió pero que había sido pasión en algún tiempo y lugar. Que su cuerpo o el de ella expiraran hoy sin poder hablar de eso, sin recordarlo el uno con el otro, le daba inmensa pena a Sofía ¿por qué había sido tan cruel la vida al mostrarle eso tan efímero y leve que se eternizó en su memoria?.

Sólo le quedaban hoy imágenes escurridizas de aquel desvarío, de aquella partida, de aquel volverse hacia otros amores, hacia aquel obligado olvido. Y tampoco venía a ella algo de eso que tienen los poetas para escribir aquel anhelo, por eso no dejaba de pensar que tal vez fuera la fugacidad, esa huidiza condición, la que hacía a ese recuerdo tan real como un sueño.