
Si es bello me alegra el alma, me apacigua, me admira, me pertenece en grado sumo, es benigno, me alegra, me armoniza, suscita mis palabras, la poesía. Pero cuando hay frente a mí algo sublime me pierdo en otra cosa, me olvido de mi, estoy allí, me encuentro en otro plano, pierdo la cordura. Lo sublime atrapa, coapta, desorganiza, sacude los sentidos, enmudece las palabras, no se deja explicar y ningún intelecto puede doblegar su magnificencia.
Algo escapa a lo puramente humano en este objeto musical que te acerco con amor para que entiendas en tu piel la magnitud de lo que mis palabras no alcanzan a decir.
Es la escena final de la Opera Tristan e Isolda (Muerte de Amor) de Richard Wagner en una versión dirigida por Leonard Bernstein.
Fuente: ayabooon (YouTube)
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